¿Será o no será?
Antes de iniciar, déjenme fumar un poco de mi cigarro imaginario y darle un sorbo a mi café amargo —amargo como la vida—. Ahora sí.
Hace tiempo, cuando estaba en la universidad, me pasó algo curioso. No fue un romance, pero sí sentí algo muy fuerte por alguien con quien pensé que jamás intercambiaría más de dos palabras. Y resultó ser todo lo contrario.
Este chico no tenía nada que ver con lo que normalmente me gusta, pero había algo. Ese algo que te hace voltear. Frente a sus amigos me trataba como un simple conocido, casi indiferente, pero cuando estábamos a solas sacaba un lado sorprendentemente tierno. Creo que ahí empezó la confusión. Pero había un pequeño detalle que decidí ignorar: era heterosexual. Íbamos en direcciones opuestas, aunque la atención y los coqueteos inocentes me hicieran creer otra cosa.
¿Y por qué volvió este recuerdo? Porque ahora, a poco más de 1,321 km —en carro— en un estado donde el calor manda y donde las Bombas se dicen rimando y no explotando; alguien muy cercano a mí vive algo similar. Allá, en nuestro bello Yucatán, Cupido parece estar repitiendo la misma jugada.
Pero toda buena anécdota merece una banda sonora, y Mon Laferte tiene la canción perfecta: pongan en loop “Él”. Una balada rock que no importa si eres hetero, bisexual, lesbiana, gay… Todos nos hemos enamorado de un amor imposible.
¿Será que nos aferramos a la idea del “amor verdadero”? ¿O lo que nos enloquece es ese trato especial de alguien que, aun sabiendo que no encajamos en su radar romántico, nos ofrece una versión VIP de su cariño? Esas personas con las que puedes ser tú, sin máscaras, sin miedo a decir un comentario cancelable. Sus gustos y los tuyos se mezclan como coca con ron… hasta que recuerdas que no es tu personalidad, ni tu físico, ni un error en la Matrix, lo que impide que den el siguiente paso —y no hablo de la puerta a la cama, queridos lectores—. Simplemente, sus orientaciones no se alinean.
Y aunque nadie es culpable, duele. Porque no son amores pasajeros, ni casi algo. Son personas presentes, que te toman de la mano en rincones oscuros para no levantar sospechas, que te abrazan como si sí… pero no. Y tú piensas, ¿será este mi ser amado? Pero la verdadera pregunta es: ¿es válido confesar lo que sentimos a alguien que no nos corresponde? Porque el miedo más grande es perder esa confianza, esa perfección que se forma cuando hay cariño, pero no destino. Y, bueno… uno también piensa: “oye, si me tratas así, no trates igual a la otra, porque una cosa es una cosa”.
¿Por qué el destino juega a darnos algo perfecto? Mon tenía razón: el destino y Cupido son despiadados. Te ponen todo en charola de oro… para que lo mires, lo huelas, pero no disfrutes.
A mi amigo y a ustedes queridos lectores, lo único que puedo decirles es que disfruten. Permítanse sentir ese amor sin sobrepensar. A veces la vida sorprende y entendemos que esa persona llegó para movernos justo donde lo necesitábamos.
Y ustedes… ¿Han conquistado a su imposible?
Ellie
🎵 Canción: Él - Mon Laferte.
Hola Ellie
ResponderBorrarMe encantó tu escrito. Coincido contigo en esa forma de amar que desborda, que no se mide & que se entrega como si cada instante fuera el último. Amar así ¡intenso, sin miedo y sin reservas! es un acto de valentía & de vida.
Soñar, disfrutar y sentir con el alma abierta es quizá la única manera auténtica de vivir un amor que nos transforme.
Gracias por recordarnos que uno nunca sabe cuándo termina, pero sí sabe cuándo merece vivirse con todo el corazón.
Vivir el momento y disfrutar de lo que hoy en día tenemos ☺️
Borrar