¿Solo son "Amigos"?
La mente se resetea. Todo queda en blanco. Y de pronto aparece esa sensación extraña: fuego en el pecho, ganas de llorar, de gritar, de huir. Poco a poco empiezas a observar cómo esa persona cae del pedestal —completamente imaginario— en el que la habías colocado.
Y lo único que sale de tu boca es un muy educado: “luego y con más calma, hablamos”. Cuando la realidad es que, en tu mente, ya lo mandaste a volar no una, sino unas cien veces. Acompañado, claro, de todas las malas palabras que te sabes… y algunas que acabas de inventar.
Hasta que lo entiendes. Lo que estás sintiendo es de lo más común. Y sí, queridos lectores, estoy hablando de los celos.
Ese cóctel de emociones que va del ego a la inseguridad, de la duda a la ira. Porque los celos no viven únicamente en el territorio del amor, existen en cualquier contexto humano. Pero hoy no nos vamos a concentrar en todos ellos, solo en los que juegan en el team amor. Esos que te carcomen por dentro mientras sostienes una sonrisa bonita o una cara de absoluta indiferencia, porque temes que te tachen de exagerado, intenso o —la palabra favorita de todos— tóxica. No tienen idea de como odio esa palabra, pero ese será un tema para otro loop.
Como persona que no se considera celosa, puedo decir algo con total honestidad: a veces la intuición es más certera que cualquier explicación. Esos momentos en los que las historias y versiones pierden el hilo narrativo y se convierten en una trama infinita que termina, inevitablemente, en un “sí lo hice, ¿y?”.
Y aunque nos gustaría enterarnos de ciertas cosas de otra forma, la realidad es que no siempre sucede así.
¿Qué tan cierto es eso de que el enemigo duerme a nuestro lado? Una pregunta que navega por la mente de muchas personas, pero pocas lo mencionan.
Mientras escribo esto, tengo a Mon Laferte en loop. Y es que, increíblemente, ella tiene una canción para cada momento de la vida. Esta no es la excepción. Porque si alguna vez tuviera que ponerle sonido a los celos, sería exactamente así como suena Las flores que dejaste en la mesa.
No habla desde el amor bonito ni meloso. Habla desde un amor humano. De ese que va de lo poético a lo brutal, de lo delicado a lo explícito. Un amor desordenado, egoísta en momentos, que duele… pero que también es honesto.
Han escuchado la frase “ojo de loca no se equivoca”… Bueno, digamos que esta historia comienza con una anécdota que llegó al DM de Mr. Loop. Unos ojos que ya habían visto las señales, decidieron vendarse. Apretaron fuerte. Porque confiar también implica, muchas veces, hacerse la ciega.
Y ahora dime tú: ¿alguna vez te han dado ganas de revisar mensajes? Esas ganas incómodas de confirmar lo que, en el fondo, ya sabes. Si esa idea ha cruzado por tu mente, queridos lectores, mejor vayan a hacer otra cosa. Porque cuando uno busca, casi siempre encuentra. Y no siempre estamos listos para eso.
El problema no está solo en lo que no vemos, sino en lo que nos dicen. Un inocente “nos conocimos de hace tiempo”, cuando en realidad se toparon hace dos semanas en una app para hacer “amigos”. O el clásico “solo hablamos por Instagram”, que suele ser ese espectacular con luces de neón que grita: date cuenta.
En fin, para no llenarles más la cabeza con mis celos “imaginarios”, retomo lo que dije al inicio: no me considero una persona celosa. Porque, al final del día, la vida siempre termina poniendo las respuestas frente a nosotros. Entonces, ¿para qué hacer corajes innecesarios?
Como diría este gran amigo —que por cierto, gracias por compartir tu historia conmigo—: “A veces cuenta más trabajo y energía sostener una mentira que tomar valor y decir la verdad.”
Y ustedes… ¿Son celosos?
Ellie
🎵 Canción: Las flores que dejaste en la mesa - Mon Laferte.
Comentarios
Publicar un comentario